A veces tenemos algo que decir. Queremos compartir parte de nuestras experiencias y aprendizajes en la vida con personas que consideramos nuestros amigos (y a veces incluso, con extraños). ¿Te ha pasado que justo cuando tienes algo muy valioso por decir, te interrumpen?
El querer ser escuchados. El poder decir en voz alta las cosas que sólo en pensamientos nos permitimos escuchar.
¿Del miedo de no tener la oportunidad de hablar? ¿De la insatisfacción de saber que cuando encuentres tu turno a tomar la palabra habrá otros 2 necios quitandotela?. Una vez que una primera parte interrumpió a la segunda que de momento, tenía la palabra, la conversación se vuelve no más que un intento desesperado por alzar la voz.
Una conversación se basa en la interacción verbal entre 2 ó más personas. No en el monólogo. Emisor, mensaje y receptor.
Es usual que cometamos este tipo de errores. Ya sea por qué creemos tener razón, por que queremos hacer ver algún punto y en ocasiones, ayudarle a cualquier persona. Y he ahí el fondo del asunto. Para cada palabra hay una ocasión. Para cada recuerdo, un momento.
Del mismo modo en el que buscamos con desesperación la aceptación, comodidad y atención de los demás para ser escuchados, en primer lugar, deberíamos de aprender a escuchar.
Nuestras experiencias por útiles que nos resulten en el vivir cotidiano, no necesariamente van a cambiar la vida de los demás, lo mismo aplica con nuestros comentarios, aportes y actitudes. ¿Hacía donde voy? Hacía el punto de partida. Somos seres humanos. No podemos forzar a los demás a nuestro entendimiento. No podemos enseñarle al mundo nuestro "modus operandi" y esperar que lo adopte, es bien sabido que cada cabeza es un mundo y cada mundo se rige bajo sus propios términos, voces y experiencias. Una conversación es un dar y recibir, ceder para escuchar, una alimentación primaria sobre un tema y una retroalimentación derivada del mismo.
Del mismo modo en el que buscamos con desesperación la aceptación, comodidad y atención de los demás para ser escuchados, en primer lugar, deberíamos de aprender a escuchar.
Nuestras experiencias por útiles que nos resulten en el vivir cotidiano, no necesariamente van a cambiar la vida de los demás, lo mismo aplica con nuestros comentarios, aportes y actitudes. ¿Hacía donde voy? Hacía el punto de partida. Somos seres humanos. No podemos forzar a los demás a nuestro entendimiento. No podemos enseñarle al mundo nuestro "modus operandi" y esperar que lo adopte, es bien sabido que cada cabeza es un mundo y cada mundo se rige bajo sus propios términos, voces y experiencias. Una conversación es un dar y recibir, ceder para escuchar, una alimentación primaria sobre un tema y una retroalimentación derivada del mismo.
No podemos imponer nuestras palabras.
El mundo es un conjunto de formas. La vida es un mar de percepciones. No somos seres absolutos. Nuestras palabras no son absolutas así como tampoco lo son nuestras experiencias. De la misma forma en la que intentamos ayudar a los demás en su crecimiento mediante la comunicación, dejemos que los demás nos ayuden en el nuestro. Seamos humildes. Recordemos que ni podemos tener la razón o el seguimiento correcto siempre. Aprendamos a callar nuestra voz, nuestro ego y nuestra necedad para así dar lugar a las voces de los demás. A las segundas opiniones, a las vivencias de los que tanto podrían enseñaron también.
Aprendamos a ver el silencio como nuestro maestro, no como un enemigo.
Aprendamos a ver el silencio como nuestro maestro, no como un enemigo.
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