Ella estaba sentada en un ciervo, miraba despacio, con ternura, los ojos de aquella mujer le habían hecho pensar en la vida implacable, desesperada, ciega de amor, en el salvaje mar de la falsedad había dejado a su siervo amarrado a un árbol pero el esperaría, ansioso, aquel corazón roto... corría, nadaba, y no la alcanzaba mientras el tiempo le mentía a aquel ciervo pero, el esperaría, ansioso, aquel corazón roto... ilusionada, ciega de amor, atrapada por aquella dulce voz, camino para llegar a aquel dolor, ese al que le llaman amor. pero, el esperaría, ansioso, aquel corazón roto...
he encontrado mi propio infierno personal.